martes, 29 de marzo de 2011

Un poco de arte

Ya es hora de que este blog tenga alguna entrada seria... hoy me lo he propuesto! Voy a hablaros de un artista belga que perteneció al surrealismo y que es uno de mis artistas favoritos. He de decir que el surrealismo es uno de los movimientos de la historia del arte que más me gustan, los autores van más allá de la realidad. Me encanta ver cómo reflejan cosas que no podían caber en nuestra cabeza, hay que decir también que estos artistas eran un tanto extravagantes.


Bueno, pero hoy le toca el turno al gran Magritte!! Magritte es un autor que decidió jugar tanto con la realidad que acabó por cuestionarla.


Ceci n´est pas une pipe. Esto no es una pipa, nos avisaba en una obra donde se representaba, precisamente una pipa. ¡Cuidado (advertía), una cosa es la realidad, otra, lo representado! En concreto, la idea del ojo, como un falso espejo, reflejando aquello que no es. El espacio real frente a la ilusión.




Magritte no es realista. No hay perspectiva, y se pintan los objetos de tal manera que, simplemente, podamos reconocerlos. El ambiente donde se mueven: inadecuado e incómodo. No hay movimiento, todo es quietud. ¿qué consige? Precisamente lo contrario: inquietar. Un espectador que vive dos momentos distintos frente a la obra. Uno primero, en el que se encuentra frente a una escena sencilla, parecida a la realidad. Pero después uno segundo donde se da cuenta de que es mucho más complejo de lo que parece, lejos (muy lejos) de la realidad.


 El resultado es una obra inquietante, en la que vemos algo que aparentemente es real, pero que enseguida nos damos cuenta de que algo no funciona como sabemos que funcionan las cosas. Y cuando las cosas no funcionan, cuando no las controlamos, sentimos miedo.


Espero que esta entrada sirva para culturizarnos un poco más todos. Por último os dejo una película muy interesante que está relacionada con el mundo de arte: El secreto de Thomas Crown.

1 comentario:

Leticia dijo...

Sí, a mí me quita bastante la paz el segundo cuadro que has puesto, el del hombre que ve su propia espalda en un espejo. Aunque si eso pasara podríamos saber qué tal nos quedan las cosas por detrás, y sería más fácil hacerse una trenza.